Atrapamiento y recuperación del alma

«No hay vida pasadas» dispara José Luis Cabouli, autor del libro Atrapamiento y recuperación del alma. Terapias de vidas pasadas: un nuevo paradigma, un título prometedor para aquellas personas que creen en las regresiones para solucionar problemas de esta vida.

«Lo primero que hay que saber para comprender cómo y por qué funciona la Terapia de Vidas Pasadas (TVP) es que para el alma el tiempo no existe. La clave está en la condición atemporal del alma o de la conciencia, que a mi criterio, es lo mismo», escribe en las primeras líneas de su libro quien por años se desempeñó como cirujano plástico.

Egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1974, Cabouli jamás imaginó que todos los libros sobre espiritualidad que leyó a lo largo de su vida por hobby le darían una visión distinta sobre la sanación del cuerpo y del alma.

Creía en la reencarnación pero nunca se le cruzó por la cabeza que eso se podía usar con un sentido terapéutico, tenía la certeza de que sólo era algo espiritual y metafísico hasta que conoció en 1986 a la médica brasileña María Julia Moraes Prieto Peres, quien le abrió el panorama sobre cómo utilizar la parte espiritual para curar el alma.

«Tenía 35 años más o menos cuando la conocí a la doctora Moraes Prieto Peres, mi maestra, pero recién dos años más tarde me despedí de la medicina y me dediqué a mis primeros pacientes cuyos problemas eran fobias, miedos y angustias; visto en retrospectiva eran temas menores en relación a lo que me esperaba en el camino», dice en entrevista con Télam.

«No hay viaje. Ese fue uno de mis descubrimientos, no más auto hipnosis o relajación para viajar al pasado. Ahora la cosa es más sencilla: para el alma no existe tiempo, al tiempo lo creó el hombre para ordenarse, nada más», sostiene Cabouli.

«Todas las experiencias de vida pasadas están conmigo aquí y ahora al mismo tiempo, sólo que están excluidas de la conciencia física. Es como si yo fuese la biblioteca de mi alma», explica el autor del libro editado por Continente.

«Todo está aquí y ahora ocurriendo al mismo tiempo. Para el ser humano es otra vida porque el cuerpo se murió, pero para el alma es la misma. Es como mudarse de ropa, o cambiar el auto, la esencia sigue siendo la misma, un poco más feliz o no, pero el mismo», grafica Cabouli.

«Con el alma lo que no resolviste sigue ahí, se crea un ‘atrapamiento’ y es lo mismo si es en esta vida o en otra», puede ser algo tan sencillo como un chirlo o un reto recibido de niños que, si quedaron sin elaborarse, archivados con la misma intensidad que en aquel momento, en esa primera impresión, «pueden traducirse en fobias, angustias, bloqueos o conflictos vinculares».

El autor advierte que «con la terapia de vidas pasadas, independientemente, si es en la vida fetal, el nacimiento o en la primera infancia, pueden ocurrir eventos traumáticos» y en su texto brinda testimonios de algunos casos emblemáticos, cuya resolución «no es amigable, sino todo lo contrario», ya que se trata de vivenciar el mismo dolor original para poder sanar.

En tanto que la sanación es necesaria, explica, porque «siempre que hay un atrapamiento hay falta de energía porque el alma es un campo energético y esa energía que queda atrapada no está a tu disposición para vivir plenamente».
Eso es lo que describe en «Un pacto con la oscuridad», el caso de una mujer llamada Cristina que tenía serios problemas con el manejo del poder y la integridad, y a través de la terapia supo que en tiempos pretéritos decidía sobre la vida y la muerte de otras personas, que realizaba sacrificios humanos.

«Cuando una persona está con el síntoma a flor de piel trabajamos a partir del ahí y es doloroso porque no se trata de calmar esa angustia sino de profundizarla para vivenciarla nuevamente» a fin de liberarla.

«Es como un archivo de Internet, que estaba en el mundo virtual pero para trabajarlo y luego limpiarlo lo bajás a la máquina», señala el investigador en una analogía con el cuerpo, para describir el proceso en el cual «lo que se resuelve no va a perturbar más» y puede servir para tomar conciencia sobre el propósito de cada persona en su paso por el mundo.

Fuente: TELAM